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Vacaciones sin fronteras en los alrededores de Zittau

Por Michael Juhran (dpa)

Paisajes de suaves colinas se alternan con crestas montañosas. Rocas de arenisca de formas caprichosas se alzan al cielo en medio de bosques tupidos.

Durante mucho tiempo, las montañas de Zittau, en el extremo este de Alemania, atraían sobre todo a senderistas y escaladores. Ahora, hay una oferta cultural y deportiva transfronteriza que hace aún más atractiva esta región, donde confluyen las fronteras de Alemania, Polonia y la República Checa.

Hay una intensa actividad en la estación de tren de Zittau, de vía estrecha. Turistas alemanes, checos y polacos se ponen cómodos en los vagones detrás de la locomotora jadeante para visitar una pequeña joya de la historia común. El tren pasa por campos de colza amarillos en dirección al balneario de Oybin con su castillo.

«El castillo de Oybin se ha ido convirtiendo en un auténtico imán para turistas de los tres países», dice Alfred Simm, un ex ferroviario que trabaja en una asociación regional de amigos de los trenes.

El tren para justo delante del monte Oybin, de 514 metros de altura. El cerro más conocido de las montañas de Zittau se yergue sobre la depresión en el terreno como una gigantesca colmena. En la cima se alzan las imponentes ruinas de un castillo y de un convento medieval.   El castillo se construyó durante el reinado de Carlos IV, entre 1364 y 1384, como casa de retiro del emperador. Las murallas en ruina son hoy un punto de partida ideal para explorar la zona fronteriza entre Alemania, Polonia y la República Checa. Desde esta altura, la vista panorámica llega hasta el monte Jested, de 1.002 metros de altura, en territorio checo, hasta la mina de carbón de Turow, en Polonia.   Volvemos a Zittau. En el museo municipal, instalado en la iglesia restaurada del convento, el turista se encuentra con testigos extraordinarios de los tiempos en los que el comercio entre Praga y el mar Báltico dio fama y riqueza a la ciudad. El 30 de julio se inaugurará en el museo una exposición que muestra unos 80 epitafios de habitantes de Zittau desde la época de la Reforma.    A Zittau siempre le fue mejor cuando las relaciones con los vecinos eran buenas. «Después de la caída del Muro y sobre todo a partir de la entrada de Polonia y la República Checa en la Unión Europea, los proyectos culturales y recreativos transfronterizos brotan como los hongos», dice el alcalde de Zittau, Thomas Zenker. Prácticamente cada fin de semana hay algún evento, desde fiestas medievales hasta carreras de coches clásicos pasando por festivales de cine y teatro.   En las afueras de Zittau, junto al lago de Obersdorf, los deportistas se preparan para el campeonato anual alemán de Triatlón Cross, una historia de éxito, fruto de la cooperación entre deportistas alemanes y checos.

Más relajado es el ambiente entre los ciclistas y los senderistas, que ya hace tiempo descubrieron los caminos transfronterizos. En la zona, la red de caminos está muy bien trazada y señalizada. No así hacia el interior de la República Checa, que atrae con su naturaleza salvaje entre rocas de arenisca y bosques tupidos.

Información básica: Zittau y la zona fronteriza entre Alemania, Polonia y la República Checa.

Cómo llegar: En tren o coche a Zittau y desde allí en ferrocarril de vía estrecha o en bicicleta a Oybin.  Alojamiento: Las casas de vacaciones en el lado alemán y checo ya se pueden reservar a partir de unos 25 euros (28 dólares) por noche. La habitación doble de un hotel de tres estrellas con desayuno cuesta unos 80 euros (90 dólares) por noche.

DPA

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