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Cinco ciudades españolas para viajar a la Edad Media

Por Lucas Monsalve – Historiador

En general, la Edad Media es una gran desconocida para los iberoamericanos. Nuestra herencia europea trajo con su llegada a América el inicio de una nueva era (la Moderna), y también su rechazo a todo lo anterior. Esto causó, entre otras cosas, que palabras como oscurantismo, brujería, retraso o barbarie hayan sido malamente vinculadas con la Edad Media.

No obstante, los más de 1.000 años que transcurrieron entre la caída del Imperio Romano de Occidente (476 d.C.) y la llegada de Colón a América (1492), fueron años de enorme esplendor para muchos territorios europeos.

Entre ellos España. Desde las poblaciones por donde aún transcurre el camino de peregrinación al apóstol Santiago, hasta las tierras ocupadas por los árabes, la Hispania romana resurgió en el medievo al amparo de varias culturas venidas desde lejos.

Árabes, visigodos, judíos, y otros muchos más, se imbricaron en la península ibérica, mucho antes de que el almirante genovés divisara la tierra de Indias.

Su legado cultural es evidente. Aunque para los ojos de un turista contemporáneo su forma más notoria quizás sea la reflejada en su impronta arquitectónica. Murallas, mezquitas, catedrales, juderías de calles angostas y balcones de madera labrada, son el estandarte de presentación de algunas de las más bonitas ciudades ibéricas.

Les propongo empezar por cinco de ellas:

Toledo: Una de las ciudades más turísticas de España. A menos de 25 minutos en tren desde Madrid. Al margen del río Tajo, entre puentes hay que entrar a este recinto sobre una colina, que desde lejos nos muestra su imponente catedral gótica y su Alcázar plagado de historia. Toledo fue la ciudad de las tres culturas: cristianos, musulmanes y judíos convivieron juntos dentro de la misma muralla durante toda la Edad Media. Su barrio judío, sus calles estrechas que puedes tocar con ambas manos, no pasan desapercibidas para ningún foráneo. No así para los toledanos que hacen vida por su casco antiguo con total normalidad, mimetizados con el tiempo.

Fiestas: Semana Santa toledana, Corpus Christi y la celebración de la Virgen del Valle (1 de agosto).

Ávila: A 100 kilómetros al noroeste de Madrid se alza una contundente muralla de más de 2,5 km de perímetro, completamente restaurada. Usted decidirá por cuál de sus nueve puertas quiere entrar a este reducto medieval. Yo le recomiendo la del Alcázar o la de los Leales. Dentro, la intricada urbe mezcla iglesias, palacios y plazas con más de 800 años de historia viva, con restaurantes, bancos y tiendas de moda.

Fiestas: San Segundo (mayo), Sábados de Leyendas (Junio), Fiestas del Mercado Medieval (septiembre) y Santa Teresa (octubre).

Córdoba: Su mezquita, actual catedral, fue en el siglo XI la segunda más grande del mundo después de La Meca. Su barrio judío, hoy adornado de flores en los balcones, es simplemente hermoso. La ciudad de los Omeyas, posee la justa concesión de Patrimonio Histórico de la Humanidad. Sin embargo, hay que olvidarse de todo ello, simplemente hay que dejarse perder por sus calles, sin mapas, sin prisa.

Fiestas: Viana Inspira (desde la primavera), Festival Internacional del Guitarra Clásica (primera quincena de julio).

Santillana del Mar: En Cantabria, al norte de España. Su nombre engaña pues no está a orillas del mar. Sin embargo, es uno de los complejos románicos mejor conservados de toda España. Su catedral es como de película. Y sus calles abarrotadas de turistas y tiendas de souvenirs son un Disneylandia de la Edad Media. Si vas allí, no puedes dejar de remontarte mucho más atrás en el tiempo y viajar hasta la prehistoria visitando las Cuevas de Altamira, primeros vestigios artísticos del hombre.

Fiestas: Fiesta de los Reyes Magos, Santa Juliana (28 de junio y San Roque (15 y 16 de agosto).

Hondarribia: Una de las ciudades más escondidas de la Península. Territorio vasco por naturaleza (Guipúzcoa), en la frontera. Fortaleza militar de la Edad Media. Emplazamiento de Carlos V en la lucha contra Francia. Pero más allá de ello, Hondarribia es un acogedor pueblo marinero de balcones blancos y calles de adoquines. Es imposible estar allí y no mirar con añoranza al mar. Es indispensable perderse por sus calles y entrar a uno de sus bares para comerse unos pintxos (aperitivos) acompañarlos de un buen txakolí (vino espumoso).

Fiestas: Alarde (8 agosto), Novena de la Virgen de Guadalupe (31 de agosto al 8 de septiembre).

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